UN REGALO DE LA VIDA
No hay amor más dulce que
aquel que nada exige en retorno.
El amor más bello que
espero de otros es que estos no me juzguen y no me exijan. Deseo que todos me
acepten como soy y me ayuden a alcanzar un bienestar actual y
una vida llena de éxito.
Entonces, puedo pensar que
lo mismo debe ser verdadero, si consideramos lo opuesto: el amor más bello que
puedo sentir por los demás es no juzgar y no exigir de ellos. Es aceptarlos tal
como son y ayudarlos a alcanzar un bienestar actual y una vida llena de éxito.
No hay amor más valioso que este.
En el mundo de hoy, la
pureza es tan importante cuanto es el rocío al desierto.
Los individuos se miran
mutuamente con desconfianza. Hay falta de respeto y amor fraterno. No hay
suficiente tolerancia para tratarse unos con los otros, admitir y aceptar sus
diferentes puntos de vista. La causa raíz para todo esto es la falta de pureza.
Pues, con pureza, hay
inocencia y, junto con esto, hay confianza. La pureza trae la humildad, que
permite que yo respete al prójimo y lo ame de manera integral. Al ser puro,
también soy tolerante, pues la impureza y negatividad de otros no me afecta, así como el lodo no puede robar la belleza de una
rosa.
Pureza también es fuerza,
pues es una energía positiva que atrae a las demás personas. Experimenta tu
propia pureza y verás cómo el mundo va a transformarse
alrededor de ti.
Aquello que más nos
perturba, ¿no es acaso aquello a lo que debemos nuestros mejores pensamientos y
esmerados esfuerzos?
Cuando tenemos la
paciencia y amor propio suficientes para preguntarnos pausadamente acerca de
las circunstancias, o las personas que nos molestan con frecuencia
descubriremos que detrás de un cuidadoso trabajo interno sobre esa pregunta hay
experiencias nuevas, retos, cambio, novedad y en resumen un regalo de la vida
en forma de impulso y desafío.

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